22 abril, 2012

No quiero que la lucidez me cueste la alegría ni que la alegría suponga la negación o la ceguera. Pero no me es fácil. Me cuesta vivir a contratiempo, con la sensación de ser testigo de un desatino histórico, gigantesco, de un extravío descomunal, tan irracional, absurdo o desolador como la bomba de neutrones. No entiendo al mundo. Me parece, como dice Serrat, que ha caído en manos de unos locos con carnet. Me siento ajeno a la debacle pero en medio de ella.

vueltas y vueltas para decir siempre lo mismo
vueltas para hablar sin hablar
del dolor, de la ausencia, de los espejos rotos
vueltas para volver a parir esta influencia
(una parte de mi dice stop
fuiste muy lejos)
vueltas, más vueltas para anochecerme
cuando siempre fui oscuridad

Gabriela Bruch. “Open door: Poemas del hospicio.”

16 abril, 2012

Sefiní

Basta por esta noche cierro
la puerta me pongo
el saco guardo
los papelitos donde
no hago sino hablar de ti
mentir sobre tu paradero
cuerpo que me has de temblar…

 

Juan Gelman

Poco se sabe…

Yo no sabía que

no tenerte podía ser dulce como

nombrarte para que vengas aunque              

no vengas y no haya sino

tu ausencia tan

dura como el golpe que

me di en la cara pensando en vos

 

Juan Gelman

07 abril, 2012

He pasado toda la noche sin dormir…

He pasado toda la noche sin dormir, viendo,
sin espacio tu figura.
Y viéndola siempre de maneras diferentes
de como ella me parece.
Hago pensamientos con el recuerdo de lo que
es ella cuando me habla,
y en cada pensamiento cambia ella de acuerdo
con su semejanza.
Amar es pensar.
Y yo casi me olvido de sentir sólo pensando en ella.
No sé bien lo que quiero, incluso de ella, y no
pienso más que en ella.
Tengo una gran distracción animada.
Cuando deseo encontrarla
casi prefiero no encontrarla,
Para no tener que dejarla luego.
No sé bien lo que quiero, ni quiero saber lo que
quiero. Quiero tan solo
Pensar en ella.
Nada le pido a nadie, ni a ella, sino pensar.

 

Fernando Pessoa

04 abril, 2012

No es que te extrañe es que a veces tengo necesidad de saber de ti, de como te va.. y saber como estas…

"Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja..."
(Cortázar, Rayuela)

25 marzo, 2012

Por eso lo que amamos lo volvemos a perder…

Sentada en aquel viejo café lo esperaba desde hacía tiempo. Él ni siquiera lo sospechaba.

Con paso apretado rumbeaba a su encuentro bajo una fina llovizna con una mirada de autosuficiencia que pronto desaparecería. Ella lo observaba detrás del cristal con su habitual mirada obsecuente. Sabia exactamente lo que iba a suceder. Lo había vivido demasiadas veces antes. Entró torpemente y se dirigió hacia aquella pequeña mesa del rincón,  donde se encontraba esa parca y esbelta muchacha jugueteando con la cuchara del café frio que bebía de a pequeños sorbos de tanto en tanto…

Se miraron largamente y en silencio, sin embargo era un silencio tan concurrido de palabras que parecía aturdirlos.

Él se sentó frente a ella y vio a través de aquellos ojos inquisidores la fragilidad de su alma. De pronto sintió un punzante dolor en el estómago que se fue extendiendo a todo el cuerpo y lo dejó con una sensación de vacio  que dolía hasta en lugares que no sabia que existían. Ella percibió que comenzaba a recordar y se apiadó de aquel vulnerable cuerpo, este nuevo envase que contenía a ese ser que ella tanto amaba…  Se le ablandó la mirada –esa tan rígida y estructurada que caracterizaba a ésta, que era ahora, y que sabía era una cualidad adquirida de antaño- y sintió deseos de alargar su mano y tocarlo suavemente, pero se contuvo. Siempre dolía un poco más cuando el contacto físico se hacia presente.

Aquella atmosfera silente duró unos cuantos minutos más. Él interrumpió con un módico “hola”. Ella atinó a un cortés movimiento de cabeza y una breve sonrisa en respuesta.  Delicadamente sacó de su bolso un pequeño sobre blanco y lo depositó junto a él, con el resguardo necesario para evitar cualquier roce accidental de sus manos. “Necesito que leas esto” fueron las únicas palabras que pronunció la muchacha antes de retirarse.

Él se quedó atónito, aferrado a la carta,  observando como ella se marchaba sin más. Ni una sola vez volvió el rostro para ver a aquel que amaba… el tiempo la había hecho fuerte, lo había perdido tantas veces y de tantos modos diferentes que está despedida era sólo una muerte pequeña, un dolor minúsculo, algo incluso soportable. Sabía que en esta vida ya no era posible un mañana a su lado.

Aquel enjuto muchacho permaneció inmutable por unos minutos juntando las fuerzas necesarias para abrir el sobre. Lo abrió lentamente, se tomó un tiempo más que prudencial como quien desarma una bomba que está a punto de estallar. Tembloroso llegó a leer sólo algunas frases sueltas antes que las lágrimas le impidieran continuar : “Por eso lo que amamos lo volvemos a perder”… “tarde como siempre nos llega la fortuna” …  “Quizás en otras vidas, quizás en otras muertes”…